Thomas coloca suavemente a Melina en la cama. Él mira las heridas en su cuerpo, y un profundo ceño aparece en su rostro. Cada fibra de su cuerpo está hirviendo de rabia. No hay nadie en esta tierra a quien odie más que a ella. La traición no es algo que se tome a la ligera, y el hecho de que haya sido ella lo hace diez veces peor.
Thomas reenfoca sus pensamientos cuando el doctor llama a la puerta. Él le dice que entre mientras se aleja de la cama para darle espacio al hombre para trabajar.
—As