HUGO
Esa noche no pude dormir. Lo que había pasado con Emma me dejó tan afectado que no pude pegar un ojo; y para colmo, cuando comenzó a amanecer me llamaron nuevamente del hospital para decirme que ella había tenido otra crisis nerviosa y que necesitaban que yo fuera de inmediato.
Al llegar a la clínica fui directo hacia el consultorio del médico que está tratando a Emma para hablar con él sobre su situación.
—Por favor tome asiento, señor Montenegro —me señaló una silla que está frente a su