Punto de vista de Miriam
—¡Henry! —Grité, incapaz de ocultar el asco en mi voz.
—Hola, cariño —respondió con total tranquilidad mientras se servía una copa.
—¿Así que tú ordenaste que me secuestraran? ¡Cobarde!
—Yo también te extrañé —contestó con una sonrisa arrogante antes de beber un sorbo.
—¿Qué demonios haces aquí? Te dejé en Vickery Meadow con todas tus mujeres, Henry.
—Qué pena —murmuró mientras paseaba lentamente por la habitación. Porque yo solo tengo ojos para una.
—¡Eres un maldito i