Punto de vista de Miriam
Cerré los ojos, anticipando el beso que parecía inevitable.
Lo deseaba.
Y, en el fondo, sabía que David también lo quería. Sus manos se deslizaron desde mis hombros hasta sujetar suavemente mi mandíbula empapada por la lluvia. Durante un breve instante, ninguno de los dos se movió.
Entonces, el ruido de un vehículo que se acercaba rompió el silencio y nos devolvió de golpe a la realidad.
David se apartó rápidamente y se aclaró la garganta.
—Lo siento —dijo con suavidad,