—Si tú estás bien… entonces yo también lo estoy —dijo Dan con una sonrisa cálida.
En el fondo, Rubí se sintió profundamente conmovida. Una oleada de emoción le subió al pecho, y por un momento, sintió que las lágrimas amenazaban con salir. Asintió lentamente y respondió con una sonrisa suave:
—Eso me alegra. Nunca imaginé que nuestro primer encuentro sería en circunstancias como estas.
Dan se quedó en silencio unos segundos, como si sus pensamientos se detuvieran. Una sombra de culpa cruzó por