La sala de estar, que ya estaba en silencio, se volvió aún más silenciosa por las palabras de Rubí, y se pudo escuchar caer un alfiler.
Zoey no esperaba que Rubí fuera tan directa y lo dijera en público.
Inmediatamente, su rostro se contrajo y dijo:
—Rubí, no digas tonterías.
Al oír esto, los ancianos en la habitación repitieron:
—Sí, Rubí, no puedes decir tonterías como esas.
—El niño se perdió por negligencia de Leonardo, así que ¿cómo podría Zoey haberlo instigado?
—Aunque seas hija biológic