—Él se encargará de eso —afirmó Serena—. Espero que, una vez superado lo de Zoey, podamos recuperar nuestras vidas y mantenernos fuertes.
—Te lo prometo. Así será —dijo Rubí con convicción.
Serena suspiró aliviada y preguntó con suavidad:
—Por cierto... ¿le dijiste a Dylan?
—Él me preguntó mientras íbamos en el auto. Le pregunté cómo se sentía contigo, y me dijo que le gustas mucho... al menos, mucho más que Ethan —respondió Rubí.
—¿De verdad? —Serena sonó emocionada. Rubí notó, por su voz, que estaba tratando de contener el llanto.
—Sí —respondió Rubí—. Dijo que le gustas mucho. Aún es un niño de cinco años. Si lo ves con más frecuencia... podrías terminar ocupando mi lugar en su corazón.
Las palabras de Rubí conmovieron profundamente a Serena, pero una sonrisa amarga apareció en sus labios.
—Solo espero que no se niegue a aceptarme como su madre. En cuanto a reemplazarte... nunca lo he pensado así. No importa quién gane, Marcus o Ethan. Al final del día, él no volverá a mí. Por eso