—No te preocupes. Me aseguraré de que Serena cumpla, cueste lo que cueste —respondió su madre con voz firme.
Zoey soltó un suspiro de alivio.
—Está bien. Entonces me alistaré y esperaré buenas noticias.
Unos minutos más tarde, Zoey subía las escaleras cuando Arthur, el secretario de Tobias, llegó para verla en persona.
—Señorita Zoey —dijo respetuosamente—. Es el cumpleaños de la señorita Rubí. Su Majestad ha indicado que no necesita asistir a la celebración.
Zoey lo miró con el ceño fruncido,