Sabrina acarició su espalda.
—Rubí, lo que pasó en el pasado debe investigarse. No quiero que te vuelva a pasar nada.
Rubí se inclinó hacia ella y dijo con firmeza:
—No te preocupes, mamá. No dejaré que me lastimen otra vez.
La calidez de aquel abrazo —algo que no sentía desde la niñez— la envolvió. En poco tiempo, se quedó profundamente dormida.
Mientras tanto, Zoey, con el rostro crispado por la rabia, no podía dormir en la penumbra de su estudio.
Weston estaba junto a ella. La máscara platea