Rubí dio un par de pasos hacia adelante, su mirada helada clavándose en Leonardo. Su voz, firme y cortante, resonó en el lugar con una autoridad incuestionable.
Leonardo, aún atónito, se quedó sin palabras al ver el enojo contenido en el rostro de ella.
—Vete —dijo Rubí, su tono lleno de frialdad—. No pienso devolverte las loncheras. Pero si quieres hacer un escándalo y arruinar la reputación de tu madre, adelante. —Se palmeó suavemente el vientre y añadió con ironía—: Además, estoy embarazada.