Rubí frunció el ceño. Dereck estaba realmente fuera de sí, y Dylan, que la observaba con atención, también lo notó. Ella sabía que, si su hijo iba a la Antigua Residencia, su condición podría empeorar, y lo que más la inquietaba era que Melisa pudiera aprovecharse de la situación para hacerle daño.
Tal vez había provocado demasiado la ira de Dereck. Decidió mantener la calma y contestó:
—Señor Maxwell, lo respeto y no quiero discutir con usted. Sobre este asunto, será mejor que lo hable con Mar