Los dos se habían enamorado a primera vista. Sin embargo, ¿cómo podía una sirena amar a un humano? Estaban destinados a ser amantes desdichados, y el hombre, obligado por las circunstancias, terminó casándose con otra mujer. Desde entonces, la sirena yacía cada día sobre el arrecife, observando a la multitud pasar, esperando inútilmente a su amado. Día y noche lo anhelaba, pero jamás volvió a verlo.
Cada jornada derramaba una lágrima que caía sobre la roca. Con el tiempo, esas lágrimas se acumu