Pero no llamó.
En su lugar, frunció el ceño y dio un paso atrás, escuchando las voces en su mente. Entonces, el rostro de Eleanor apareció en sus pensamientos y se quedó inmóvil.
Joder. Joder. Joder.
Esto no se trataba de ella. Se trataba de la vida de Eleanor.
Al diablo con la dignidad.
Inhaló, reu