Basta, Daniela, susurró el último hilo de su cordura y trató de apartarse. Pero la mano detrás de su cuello se tensó ligeramente, deteniéndola.
Su corazón dio un salto cuando Alejandro acercó más su rostro por el cuello, profundizando el beso.
No fue apresurado ni brusco, sino seguro. Como un hombre