Por un segundo, el cuerpo de Daniela se tensó.
Sus ojos parpadearon, amenazando con abrirse por la sorpresa.
Su corazón—traicionero y ruidoso—comenzó a latir con fuerza contra sus costillas, cada latido resonando en sus oídos. Estaba casi segura de que Adriel podía oírlo.
¿Lo sabía?
El pensamiento cruzó su mente, agudo y frío.
No.
No había forma de que pudiera saberlo. Ella y Alejandro tenían un certificado de matrimonio legal. En papel, ante los ojos de la ley, eran marido y mujer. La única me