Los ojos de Daniela se crisparon en el instante en que vio a Bruno.
De entre todas las personas con las que podía cruzarse, realmente tenía que ser él.
Contuvo un suspiro y, desde donde estaba, le dio una lenta mirada de arriba abajo.
Se veía mal—peor de lo que lo había visto en el restaurante. Si no fuera una buena persona—al menos como ella creía serlo—se habría reído. De verdad.
Aun así, eso no impidió la leve curva que tiró de la comisura de sus labios.
Pero se contuvo y, sin decir palabra,