Lucià se quedó paralizada.
Durante un latido, solo pudo mirar.
El mundo a su alrededor—las cámaras destellando, los murmullos de admiración y el tintinear de las copas—se desvaneció en un zumbido apagado mientras sus ojos se fijaban en la mujer que estaba junto a Alejandro Montemayor.
Daniela.
La maldita boba contra la que estaba considerando enfrentarse era Daniela.
Y… se veía… ¡Se veía perfecta!
La mirada de Lucià recorrió su figura lentamente, a regañadientes, catalogando cada detalle con un