―¿Cómo sabes eso? ―Lo miró con más desconfianza.
―Quizás tú no me hayas visto, pero yo he venido todos los días a verte y me he quedado algunas horas por ahí. ―Sonrió.
―¿Tú en un hospital como este? ―Eir enarcó una ceja.
―Sí, no te cambié porque sé que no lo aceptarías. ―Dejando salir el aire por la boca la miró a los ojos. ―Estoy arrepentido por todo lo que te hice, yo realmente quiero recuperarte, hija. ―Acarició su cabello. ―Me he dado cuenta de que solo me tienes a mí y no quiero que esté