Mundo ficciónIniciar sesiónLuego de aquel almuerzo tan interesante, todo volvió a la normalidad de cierta manera, porque no se podía llamar normal a aquella tormenta silenciosa que vivía ese par, en especial cuando se encontraban frente a frente.
El resto del domingo y todo el lunes, fue una especie de bajar la cabeza, disculparse por entorpecer el camino y encerrarse en sus despachos o habitaciones. Lo único que pudieron compartir sin huir fue esos chocolates matutinos… y los







