Capítulo treinta y uno. Encuentros inesperados
Rosa María
— ¡No voy a ir Caspian, no insistas! — ruedo los ojos con fastidio ante la insistencia de mi amigo.
— ¡¿Pero Amix, aquí hay cuatro pases?! — expresa de manera teatral — ¡No me puedes hacer esto, espero poder encontrar marido en esa gala! — rio a carcajadas casi atragantándome con el vino que estoy tomando con la cena — ¡Amix, ámame un poco por favor! — llora y casi me arrastro en el sofá, lloro con risa, me asfixio y pataleo con las manos en la panza.
El timbre suena y me asusto de t