Capítulo treinta y siete. Vergüenzas y más vergüenzas
Mike Sterling
Me muevo en la cama y acaricio la sabana, suave y ¿de seda? Yo no uso sabanas de seda porque dan calor y el pelo de Max se adhiere a ellas ¡ay mierda! ¿Dónde me encuentro? Trato de incorporarme para identificar el sitio y la colcha cae en mi rostro transportándome a los brazos de una morena traidora y desobediente que me hizo llegar hasta los extremos. Bueno, eso no es tan cierto, yo tuve mucha culpa de la borrachera y la pelea.
¡Jesús, qué vergüenza!
Salgo de la cama tambaleante