Emily se levanta de inmediato, esas palabras entran como taladro en su corazón, como un baldado de agua helada, de esos que te reinician el cerebro.
—¿Qué estás diciendo? dime por favor que es mentira, que lo dices por los medicamentos…
—Mi amor, siento que me voy a ir más tarde que temprano, no puedo hacerte esto, dejarlas desamparadas, sabiendo que mi hijo tiene dinero para darles.
—¿Tu crees que a mi me importa su dinero? —ella dice con un hilo de voz—. No me importa, ese hombre nos aband