La vida es un enigma y el destino un perverso jugador.
Me quedo mirándole, sus ojos profundos y claros como el mar me miran con intensidad. Deseoso, con una extraña ilusión que no entiendo por qué esta allí.
Mi corazón late a mil por hora, el simple gesto de esconder un mechón de mi cabello tras mi oreja despertó en mi cierta curiosidad. No era la primera vez que, hacia eso, hay momentos en que me trata cariñosamente, como si de verdad fuese su amante de media noche. y aunque me lo negara en m