Mía se mantuvo toda la clase observando de reojo al chico misterioso que estaba sentado dos asientos más delante de ella, justo en diagonal, así que tenía todo el campo de visión despejado para ponerse a detallar hasta lo más mínimo de él.
Las palabras del profesor sonaban distantes, pues todo en lo que podía pensar era en ese hombre. Los recuerdos de la noche anterior revoloteaban en su cabeza, pero por mucho que trató de ponerlos en orden y darle un sentido, no pudo hacerlo.
Recordó haber hu