Capítulo 95
Ísis conducía sin destino por las carreteras oscuras. Las lágrimas le empañaban la visión, obligándola a parpadear constantemente. El reloj del tablero marcaba las 03:17 de la madrugada. Cada kilómetro que se alejaba de la mansión era como arrancarse un pedazo del propio corazón.
—Perdóname… —susurró al vacío del auto—. Perdóname, Leon… perdónenme, mis hijos…
Imágenes de Julian sonriendo, de Hanna pidiendo colo y de Leon llamándola «pequeña sirena» invadían su mente sin parar. Apret