Capítulo 127
— ¿Altitud? — preguntó, ronco.
El copiloto miró rápidamente los instrumentos.
— Cuatrocientos pies...
Olas gigantescas eran iluminadas por relámpagos constantes, pareciendo bocas hambrientas listas para devorarlo todo. El comandante respiró hondo. Nunca imaginó que su carrera terminaría así.
A su lado, Chloe lloraba. Apretaba el medallón que llevaba desde niña contra el pecho. Pensó en su madre. En la cirugía. En la llamada que habían hecho. Pensó en Duarte y, incluso en medio del