Capítulo 129
La curandera vio la desesperación en los ojos de la joven. No comprendía las palabras, pero entendía el miedo, el mismo que se siente cuando se pierde el propio suelo.
Sujetó la mano de Isis entre las suyas, arrugadas y cálidas, y sonrió de forma acogedora. Habló con calma en su idioma.
Isis miraba de un rostro a otro, buscando desesperadamente algo familiar. No encontró nada. Su corazón se aceleró.
— Yo... — tocó su propio pecho con la mano temblorosa. — Mi nombre...
Hizo una paus