Capítulo 116
Isis no logró dormir aquella noche. Después de que Victoria saliera de la habitación, el silencio se volvió casi insoportable. Estaba sentada en la cama estrecha, abrazando la barriga con cariño. El pequeño ser que crecía dentro de ella era lo único que aún le daba fuerzas.
La lámpara del techo permanecía encendida. No había reloj ni ventanas. Ni ninguna forma de saber cuánto tiempo había pasado. Minutos. Horas. Días. No tenía idea.
La única certeza era que estaba prisionera. Y que