Eva North
Mis ojos fueron lo primero que sentí que cambió. El ardor en ellos mientras mi cuerpo absorbía las propiedades de la planta que el hechicero me dio para tener más fuerza, pues me hizo arder los ojos como si me hubiesen lanzado ácido sobre ellos.
LLoré, grité, pataleé y rogué porque se detuviera, pero nadie acudió a mi ayuda mientras mi cuerpo poco a poco se desmoronaba.
Había entrenado por semanas antes de siquiera pensar en tomar aquella planta, pero cuando llegó la hora, creí esta