El sonido metálico de las pesadas puertas cerrándose con un eco rotundo detrás de él resonó por todo el corredor de hormigón. Daniel avanzó con paso firme, flanqueado por dos guardias institucionales, adentrándose en el gris y frío ambiente del área de visitas de la prisión. No era, ni de lejos, la primera vez que pisaba ese lugar, pero tampoco era una experiencia que disfrutara lo más mínimo; el aire ahí dentro siempre se sentía denso, impregnado de frustración y cuentas pendientes.
Se sentó