Aunque Ethan es un hombre grande, no puede hacer nada más que dejarse arrastrar por la mujer hasta la cocina, lo sienta en un taburete y cuando la ve a la cara, la mujer sonríe divertida por la expresión de Ethan.
—¿De verdad creíste que soy de esas suegras sacadas de un cuento de terror? —se ríe ella con relajo y Ethan suspira aliviado.
—La verdad es que sí, su hija no me ha contado nada de usted, sólo que es su tía y la ha cuidado desde que perdió a sus padres.
—En cambo yo no sé nada de ti,