POV Selena
Antes de salir del edificio, mi teléfono celular comienza a sonar y, cuando veo la pantalla, una grata sorpresa me asalta: es mi abuelita Elena quien me está llamando.
Después del enfrentamiento que acabo de tener con esa escuálida, tanto mi cuerpo como mis manos tiemblan; apenas puedo sostener el aparato.
—¡Elena! —exclamo apenas atiendo, pues odia que la llame «abuela»—. Qué agradable sorpresa tu llamada. Me alegra mucho escucharte.
La inconfundible voz del otro lado se vuelve