Zisa ladraba sin parar, estaba cansando a Tom con sus quejidos de angustia. Él ya estaba todo preocupado, como para que viniera su loba a empeorar las cosas con sus constantes ladridos.
La loba caminaba de un lado para el otro en la sala de la casa, mientras que él no paraba de golpear el piso con su bota, miraba a su loba y se estresaba aún más. En una de esas, la loba detiene los ladridos y las vueltas, eleva las orejas en lo alto y mira exactamente hacia la puerta.
El sheriff hizo lo mismo