Capitulo 31. Peleas candentes
Estaba a punto de quedarse dormida, cuando tocan la puerta del cuarto de manera estrepitosa. Solo una persona en esa casa podía tocarla de esa manera.
—Esté idiota pretende despertar al viejo —Musita poniéndose en pie —. ¿Qué es lo que quieres? —Pregunta del otro lado de la puerta.
—¡Abre! —Ordena.
—No, aquí no vas a entrar.
—Te digo que abras la puerta, Rouse.
—Vete, si ya viste al viejo, no tienes por qué seguir aquí. Yo me ocuparé de él.
Ella pego la oreja de la puerta ante el silencio del s