—¿Qué demonios haces aquí? —espetó Caroline con la voz envenenada.
Rachel, sin embargo, no se amedrentó, sino que continuó caminando hasta detenerse a solo un metro de distancia. Sentía la adrenalina fluyendo por sus venas, mientras la rabia y el desprecio se mezclaban en su interior.
—¿A qué más? A detenerte —respondió Rachel con voz firme y desafiante—. No voy a permitir que sigas engañando a todos con tus mentiras. Esto se acaba aquí y ahora.
Caroline la miró con las cejas en alto y una expre