-¿Que debo hacer para poder tocarte?- No quiso sonar desesperado, pero no pudo evitarlo- Puedo pagarte lo que desees por una noche en mi apartamento, solos tu y yo
.
¿Que dices?- preguntó deslizándose hasta el suelo por el caño, sintiéndose ofendida por la propuesta.
-Ya sabes... no quiero que el idiota de tu jefe nos interrumpa- susurró el joven apuesto a su oído.
Celeste retrocedió con el ceño fruncido.
-Escucha... yo no soy una prostituta, soy una bailarina, no te confundas- dijo intenta