DEVRIM
DEVRIM, CINCO AÑOS.
Meto las manos dentro de la bolsa de dulces que Alisha me dió, mi hermano mayor no ha venido a recogerme a la escuela y se está haciendo tarde, sopeso la tonta idea de tener que irme caminando a pie. Puedo hacerlo, lo sé, he memorizado el camino a casa muchas veces, pero la idea de estar sola hace que mi estómago se me encoja y que no quiera más que llorar.
La maestra me vigila desde la ventana de uno de los salones de la primera planta, si hago cualquier movimiento