—Papá, prueba estas, están riquísimas.
—¿Papá? —repiten ellos confundidos al unisono.
—¿Qué tiene? —cuestiona mi hija molesta tomándolo del brazo —Para mi siempre mi papá aunque no les guste.
Abel besa su cabeza de forma paternal haciéndome sonreír.
—Puede que no lleves mi sangre pero para mi siempre serás mi hija. Y cualquier mocoso que quiera pasarse de listo con mi niña tendrá que conocer el infierno para tener a este ángel hermoso. —miro a los chicos de reojo cuando lanza su advertencia —Pe