—¿Q–Qué demonios crees que haces?
Pongo mis manos sobre su pecho y le doy un ligero empujón para quitármelo de encima.
Me mira como si fuera un aperitivo, me toma con firmeza de la cintura nuevamente hasta encajar sus dedos en mi piel con rudeza. Nerviosa intento quitármelo de encima, pero me doy cuenta de que posee más fuerza que yo.
“Es un hombre después de todo, claro que tendrá más fuerza que yo”
—No sabía que te causaba tanto nerviosismo.
—Y yo que fueras un maldito psicótico. Ya suéltame.