—Buenas tardes… —un hombre de bata blanca hizo que todos despegaran la vista de la pareja, y André supiera que había llegado la hora de ver al abuelo—. Lamento haber tardado, pero se requería de este tiempo para dar la mayor observación del paciente…
—¿Cómo está mi abuelo? —él preguntó sobresaliendo de todos, sin soltarle la mano a Samara.
—Usted debe ser André… —dedujo el médico con una sonrisa mientras él asintió—. Está débil, pero fuera de peligro…
Todos soltaron un suspiro.
—Pueden ingre