Al llegar a casa, River seguía pegado a otro libro que le había dejado horas atrás. ¿No estaba aburrido? Se lo pregunté una vez y dijo que no, pero aun así no pude evitar preguntarme cómo podía ver el mismo libro una y otra vez sin volverse loco.
Se apartó de su libro y me guiñó un ojo mientras me sentaba. Solté una carcajada.
—¿Dónde está alfa Marcus? —preguntó.
—Ocupado —dije antes de dejarme caer en el sofá a su lado.
—¿Volverá pronto a casa? Quiero enseñarle mis dibujos. —Su rostro se ilumi