Leila y River ya me esperaban afuera de la puerta cuando salí. Ambas corrieron a abrazarme.
—¿Estás bien? ¿Qué demonios pasó? Intenté preguntar por ahí, pero nadie decía nada. —dijo Leila sin aliento.
Estaban allí cuando los guardias vinieron a sacarme del apartamento. No podía imaginar lo traumático que debió haber sido para River.
Asentí lentamente.
—Estoy bien. Fue un malentendido. Algo pequeño que casi se salió de control —mentí. Mi corazón se sacudió contra mi pecho en ese momento como si