Me desperté con la luz del sol entrando por las ventanas y el calor de Escarlata presionando contra mi costado. Por un momento de paz, me olvidé de todo. La visita del Rey. El ultimátum jodido.
Entonces la realidad volvió a estrellarse contra mí, y su peso se posó sobre mi pecho como un saco de golpes.
Tenía dos meses. Dos meses para arrastrarme a los pies de mi tío o ver cómo todo lo que había construido se convertía en cenizas. Dos meses para elegir entre mi orgullo y sus vidas. Mi manada era