—¡Respira, respira! —alfa Marcus me frotó la espalda en cuanto se dio cuenta de que había recuperado la consciencia.
Tenía los dedos hundidos en el pelo, tirando de las raíces. Necesitaba entender lo que me había pasado, pero nada tenía sentido y, poco a poco, la frustración empezó a apoderarse de mí.
La voz. La visión roja. El desmayo.
Todo sucedió igual que la última vez; la única diferencia era la voz.
—Casi la mato —dije sin decir nada en particular. Abrí los ojos brevemente y vi a Kira tod