Aun cuando no sabía donde estaba, automáticamente me sentía más tranquilo en este cuarto oscuro. Sabía que había ya varios soldados buscándome de forma desesperada y atendiendo a los otros soldados que había herido mientras peleaba, los escuchaba correr y vociferar, sus botas sonando desesperadas, tras la puerta que nos separaba.
Me siguen sosteniendo contra la pared, y para ser sincero me quedo ahí porque, aunque puedo contra ellos, no sé si ahora estoy en mis mejores condiciones. Cuando uno