Brock
—Solo fue una pesadilla, las de siempre— dice ella.
Yo la atraigo hacia mí, luego de que tomara agua, y limpiara su cara. Ella se acuesta sobre mi pecho y su mano cerca de mi cuello. Pasan unos minutos y es evidente que no se duerme, acariciando las heridas en mi pecho, especialmente la de la flecha cerca de mi hombro, y su propia marca. Yo acaricio su cabello, los mechones escapando entre mis dedos.
Esa mañana le escribo un mensaje a Layne y lo envío a uno de los cuervos que encuentro