Brock
— Azaleia… solo escúchame un minuto, por favor… no te vayas— le digo y ella se queda ahí viéndome con las manos juntas sobre su vestido, entrelazadas. Siente a su serpiente inquietarse y con un suave movimiento de sus dedos en el cuerpo ligero de escamas del animal, la serpiente se tranquiliza.
— Mi señor necesita descansar — dice de manera formal y su voz suena apagada, muy diferente a la Azaleia de mis sueños, con voz melodiosa, con cariño y afecto. Me doy cuenta de que yo acabé a esa A