De repente algo me movía y no era ella. Sentía algo húmedo y cuando abrí un ojo era Areta.
—Areta… lo siento tanto— le decía casi sin poder respirar —Lo siento tanto… debí dejarte con ella. Descansa Areta… te vas a recuperar— mi visión estaba nublada. Ella intentaba levantarme. Veía que estaba herida, pero tenía más fuerza que yo. Era más fuerte que yo.
—Lo sé, lo sé…ella… nada le puede pasar a ella— le digo y siento su hocico bajo mi brazo como intentando moverme, pero no puedo. Siento un sop