Después de acostar a su hijo, tarea que no le costó demasiado pues David siempre se quedaba dormido en un santiamén, Daniel se dispuso a bajar al despacho para terminar algunos pendientes. Al descender por la escalera recordó que ese día no era un día cualquiera, vislumbró ese mismo trayecto en sentido inverso tres años antes y la sonrisa que tenía en su rostro se transformó en una mueca de dolor. Decidió cambiar trabajo por un poco de esparcimiento.
El ama de llaves eligió el momento en que