Daniel tenía claro el camino a seguir, Lisbeth sólo tenía veintiún años, así que tenía pocas opciones de momento: O se graduaba, o trabajaba para ganarse el sueldo o esperaba dependiendo del dinero que le pasaban ellos. Dinero que menguaría si les daba demasiados problemas, se lo advirtió, usando el tono más neutro que pudo. No quería enojarla más de lo necesario ni darle oportunidad que hiciera un berrinche.
Dinero aparte, había otro tema en el que no estaba dispuesto a ceder: las amistades,